sábado, 25 de febrero de 2012


Con el cuerpo de un auto pero con la fuerza de un tren
Estrolado contra un pedazo de cemento.

Mi marido no me pide que duerma con un hacha cerca de la mesa de luz
Y sin embargo quieren matarme.
Las cosas no son lo que parecen.
Igual a los tipos les encanta preguntar si se nota que están duros, y yo les digo que sí.
El violín
En el mar
Té de sangre.

jueves, 23 de febrero de 2012


Tiro. Me subo a la bici. Pedaleo. Vuelvo. Me lavo la cabeza y los pies. Te lavo el calzón. Me toco. Me mojo. Hablo sola. Reviso los libros. Planeo. La parte baja. Subo al entrepiso. Bajo. Me curo la ampolla.  Me corto los dedos para que no me estallen las venas. Te gusta mirar. Toda esa luz en la cabeza. El fastidioso dolor del pensamiento. Puedo meterme el tender los borradores y la bicicleta todo en la boca. La lámpara redonda y la maceta. Los tres tomos de Tolstoi, la silla y el vaso de cerveza en la concha. El tacho lleno de basura, el ombligo y el mentol para los bichos. Puedo tirar bien fuerte del ganglio del cuello y destripármelo del cuerpo para metérmelo en la boca y en la concha. Y cocerlas. Y al mismo tiempo ganarte al ajedrez. Puedo meterme todos los diarios y los muertos en la boca. Y hacerte la cena y pintarme los labios y ponerme un vestido ajustado y corto. Y comerte.